sábado, 20 de enero de 2018

Eduardo Garzón y las pensiones, un ejemplo de cómo no hacer análisis económicos


Eduardo Garzón ha publicado recientemente un artículo en el que defiende que no hay necesidad de poner impuestos para asegurar las pensiones. Esto es lo que dice en cada uno de sus nueve párrafos:

1. Presenta la tesis: pagar pensiones con impuestos no es de izquierdas porque está la alternativa del déficit. El déficit no es malo.

2. Analogía de las pensiones con la Seguridad Social y la educación, presentan déficit y son cosa buena. La pensiones también pueden presentar déficit.

3. Hoy no se hace por el Pacto de Toledo y es lo que provoca que se aumente la edad de jubilación, que se congelen,…).

4. Al aislar las pensiones, cuando tienen déficit se aprovecha para señalar que son insostenibles y promover las privadas.

5. El déficit público no es malo. Decirlo es neoliberal.

6. Empresas y familias se endeudan, ¿por qué no el Estado?

7. Por eso no hay que acabar con el déficit de la Seguridad Social, que pase a déficit del Estado.

8. Medidas para reducir el volumen del déficit:
  • Reducir el fraude laboral
  • Eliminar tope de cotización (con esto, 8.000 millones más de recaudación)
  • Eliminar bonificaciones (4.000 millones)
  • Aumentar prestaciones por desempleo, que cotizan, y que coticen prácticas y becarios
  • Elevar el salario mínimo
  • Crear empleo de calidad. Como el sector privado no sabe, que lo haga el público
9. Lo anterior soluciona el problema de las pensiones.

Analicemos su argumentación. En los párrafos del 1 a 7 comete varios errores de bulto:

(i) Aún sin aislar las pensiones en cuenta aparte, eso no dice nada acerca de qué es lo mejor, si financiar con impuestos o con déficit del Estado. La analogía con SS y educación para defender esa idea solo sirve para apelar a los sentimientos, puesto que nada dice acerca de la conveniencia del déficit de Estado. Si sirve para algo, sería para decir que las pensiones pueden financiarse no solo con cotizaciones sino también con impuestos. Garzón habla como si los demás economistas estuvieran en contra de esa idea por razones ideológicas. No es así a corto plazo, pero no es tan buena idea como parece (ver punto e aquí). 

(ii) Nadie dice que haya que tener por fuerza un déficit cero. Lo que se dice desde la Economía es que los suyo es tener déficits que se puedan financiar y que sean por buenas razones (inversiones en momentos especiales, gasto en época de crisis,…).

(iii) Garzón parece olvidar que financiar con déficit es también financiar con impuestos futuros.


Veamos ahora las medidas que propone en el párrafo 8, con las cuales según él no haría falta nada más, ni impuestos ni déficit. Solo cuantifica dos de ellas (la segunda y la tercera), aunque no sabemos de dónde salen los números. En cualquier caso, están muy lejos de las decenas de miles de millones de euros que harán falta en el futuro no lejano. La eliminación del fraude laboral estará bien (la primera), pero eso no es una medida, es un deseo, una piel de oso que no se debe vender antes de cazado y que incluso una fuerte campaña para reducirlo implicará en el mejor de los casos pequeñas reducciones anuales.

La cuarta medida, aumentar prestaciones por desempleo que cotizan, aumentará efectivamente las cotizaciones, pero por fuerza aumentará en mucha mayor medida el déficit público. Si una prestación paga un 30% de cotización quiere decir que para reducir el déficit de las pensiones en 30 tienes que aumentar el déficit general en 100. Lo mismo ocurre para las becas dadas por organismos públicos (muchas ya lo hacen).

Elevar el salario mínimo (quinta medida) aumentará y hacer que las prácticas coticen (incluida en la cuarta) aumentará la cotización en la medida que aumente la masa salarial por esta razón. Sin embargo, el número de trabajadores afectados será poco, el 3,5% de afiliados a la Seguridad Social, y el impacto sobre las cotizaciones será pequeño. Corresponde a Garzón cuantificar esto, ya que es quien dice que las cuentas salen.

Crear empleo de calidad es un deseo, no un plan. Además, que lo va a crear el sector público es un deseo muy atrevido. No dice cómo ni cuál será el impacto.

El último párrafo afirma, sin haberlo demostrado, que con estas cuentas de la lechera ya sabe que sus medidas serán suficientes para pagar las pensiones y hacer una España más social.

Resumiendo, el artículo de E. Garzón se resume en que no hace falta poner impuestos para pagar las pensiones porque se pueden subir un poco las cotizaciones y tirar un mucho de déficit. Todo lo demás es relleno que no tiene nada que ver, pero que le sirve para decir que los que no piensen así son neoliberales, izquierda traidora o interesados en promocionar los planes de pensiones privados.

Y hay quien le hace caso.

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Y también: #LunesPollas. El órgano masculino y el crecimiento económico: ¿importa el tamaño?
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sábado, 13 de enero de 2018

Escépticos en el pub: ¿Es la vida un fenómeno común en el Universo?


Tras el parón navideño, Escépticos en el Pub Madrid empieza el año hoy 13 de enero con una de las grandes cuestiones que se ha planteado la ciencia: qué es la vida, cómo surge y qué probabilidad hay de que se dé en algún otro lugar del universo. Para hablar de ello tendremos a Juan Ángel Vaquerizo(@JA_Vaquerizo), un astrofísico del Centro de Astrobiología con amplia experiencia en la enseñanza y en la divulgación científica. Así nos resume su charla, que ha titulado ¿Es la vida un fenómeno común en el universo?:
“El único lugar del universo donde sabemos que hay vida es la Tierra pero... ¿qué es el fenómeno de la vida? ¿Cómo se llegó a originar? ¿Puede haber otros lugares que alberguen, hayan albergado o vayan a albergar vida? A estas cuestiones trata de responder la astrobiología, un campo interdisciplinar que aglutina aspectos de la química, la biología, la geología, la física, las ciencias planetarias, las ciencias atmosféricas, la astrofísica y la cosmología; y que atraviesa, además, los límites de las humanidades, con relaciones con la filosofía, la sociología y la historia. Con todo este "arsenal" a nuestra disposición, el objetivo es saber si la vida es una consecuencia de la evolución química del universo.”
Juan Ángel Vaquerizo, astrofísico, es coordinador de la Unidad de Cultura Científica del Centro de Astrobiología (CAB). Tras más de diez años dedicado a la enseñanza de las ciencias, se incorporó al Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial (INTA) para trabajar en el proyecto PARTNeR, que permite realizar prácticas de radioastronomía a estudiantes con la antena que tiene la NASA en Robledo de Chavela (Madrid). Además, Vaquerizo investiga en didáctica de las ciencias y desarrolla una intensa labor de divulgación científica.

El cartel lo ha diseñado Emilio Molina (@ej_molina_c) a partir de una fotografía de Koisu.

Como siempre, la entrada es libre y gratuita. Durante la realización de esta actividad cultural está permitida la presencia de menores de 18 años, siempre que no consuman bebidas alcohólicas, y de los menores de 16 años si están acompañados por uno de sus padres o tutor. Os esperamos en el Moe Club, en Alberto Alcocer 32 a las 19:00.

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lunes, 8 de enero de 2018

Usar los mercados para ayudar a los pobres (2)

Esta es la segunda parte de la versión en español de mi artículo de diciembre en Mapping Ignorance. Debe leerse la primera parte para entender esta.



Para resolver las ineficiencias descritas anteriormente, Feeding America juntó un comité para rediseñar el sistema. En el grupo había ocho directores de directores de bancos, tres miembros de Feeding America y cuatro profesores de la Universidad de Chicago. Después de discusiones y posiciones iniciales reacias, el comité sugirió, y Feeding America adoptó, lo que se llamó el Sistema de Elección, un mecanismo basado en el mercado donde los bancos pujan por cargamentos de comida dos veces al día después de que su contenido se haya publicado. A continuación se describen los detalles.

Feeding America y, en general, toda la gente involucrada estaba preocupada de las desigualdades entre bancos que un mecanismo de mercado pudiera generar, puesto que unos están localizados en áreas más ricas que otros y pueden recolectar dinero más fácilmente. Después de todo, estas personas estaban corrigiendo desigualdades en una sociedad capitalista. Para evitar esto, el sistema usa su propia moneda, llamada “participaciones” (shares), que solo puede usarse para comprar comida de Feeding America, quien emite la moneda ficticia en forma de un número en una cuenta para cada banco. Esta medida asegura que todos los bancos tienen las mismas participaciones por pobre.

El comité mostró también una gran preocupación por que los bancos más grandes pudieran beneficiarse del sistema de manera desproporcionada. Las pujas se diseñaron del tipo “sobre cerrado”, de manera que no requiriera gastar tiempo en realizar sucesivas pujas, como ocurre en diseños alternativos, como la subasta ascendente, lo que hubiera perjudicado a los bancos pequeños con poco personal. Además, se permitió a los bancos pedir prestadas participaciones (con ciertas condiciones y límites, para evitar que se acumulen deudas) para asegurar que pudieran pujar en cualquier subasta si lo deseaban. Finalmente, se permitió también a los bancos el juntarse para pujar por los cargamentos, lo que ayudó a los bancos pequeños que solo podían acceder a una fracción de una donación.

La subasta a sobre cerrado también sirve al propósito de no hacer esperar demasiado a los donantes, puesto que así todos los bancos participan simultáneamente, en lugar de hacerlo de manera sucesiva. Otra medida encaminada en esta dirección es que a los bancos se les permite hacer pujas negativas, lo que significa que las donaciones menos deseables fueran también recogidas rápidamente. A los bancos incluso se les permite vender parte de los bienes que les llegan de los donantes locales.

La manera en que los bancos respondieron al nuevo mecanismo permite a Prendergast (2017) señalar el éxito del Sistema de Elección. Una de las primeras observaciones es la gran disparidad de precios que se obtienen en las subastas para las diferentes clases de alimentos (y de algunos otros bienes que también son objeto de donación, como algunos productos de limpieza o platos y cubiertos desechables). Una libra de los bienes más demandados (cereales, pañales, pasta o carne preparada) puede llegar a alcanzar un precio 40 veces más alto que una libra de los productos menos deseados (hortalizas, bebidas y lácteos). Esto refleja el valor marginal de los productos según reflejan los bancos después de haber recibido sus donaciones locales. De esta manera los bancos en las áreas pobres pueden concentrar sus pujas en los cargamentos más baratos y obtener muchas más libras de alimentos. La gran diferencia observada entre lo que los bancos obtenían con el viejo sistema y lo que obtienen con el nuevo es una medida del éxito del Sistema de Elección. El hecho de que los bancos más pequeños y pobres usen créditos de Feeding America y que realicen pujas conjuntas son otras muestras del buen diseño del programa. Finalmente, los bancos en áreas ricas no suelen hacer uso de todas sus participaciones, e incluso ponen parte de sus stocks a la venta dentro del sistema, lo que permite que los bancos pobres tengan más de todo aun cuando tengan relativamente más de los bienes baratos.

Los directores de los bancos pobres, inicialmente más reacios al nuevo sistema, acabaron siendo los más entusiastas defensores del Sistema de Elección.

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sábado, 6 de enero de 2018

Usar los mercados para ayudar a los pobres (1)

Esta es la primera parte de la versión en español de mi artículo de diciembre en Mapping Ignorance.


Los mercados competitivos son sin duda el mecanismo económico más estudiado. La Teoría Económica explica razonablemente bien, al menos para una ciencia social, sus propiedades y su éxito a lo largo de la historia. Tenemos experimentos de laboratorio (véase aquí y aquí), y amplia evidencia histórica de que una sociedad orientada al mercado mejora a una que se aparta de él. Ha ocurrido en democracias como India, en dictaduras de izquierda como China y en dictaduras de derecha como la del Chile de Pinochet. Sin embargo, fuera del laboratorio no hay muchos ejemplos donde podamos seguir la pista a los cambios desde un sistema altamente regulado a uno pro-mercado aislándolo de otros cambios y controlando las distintas variables. Un ejemplo temprano se encuentra en Radford (1945) [1], quien documentó la economía de los campos de prisioneros de guerra alemanes hacia el final de la Segunda Guerra Mundial. Primero, cada prisionero recibía una asignación de bienes por parte de la Cruz Roja (economía planificada), después los prisioneros intercambiaban bienes entre sí (economía de intercambio) y usaban cigarrillos como moneda (economía monetaria).
Prendergast (2017) [2] documenta y analiza una transición reciente y organizada desde un mecanismo de planificación central a un mercado en un sector muy específico: la distribución de comida a los pobres vía bancos de alimentos. Esta es la historia.

Feeding America es una ONG de los EEUU., que recibe 150 millones de kilogramos de comida al año de diferentes donantes, y que las distribuye entre los pobres en todo EEUU. a través de bancos de alimentos locales. Anteriormente a 2005, la distribución se hacía según el sistema “espera tu turno”. Los bancos de alimentos local se ordenaban en lista de espera según una medida de cuánta comida habían recibido ya en relación al número de pobres en el área del banco. Cuando Feeding America recibía una donación, llamaba al primer banco de la lista para ofrecerle el cargamento. El banco tenía entre 4 y 6 horas para contestar aceptando o rechazándolo. Si lo rechazaba, se llamaba al siguiente banco en la lista. Había razones por las que un banco podía no querer un cargamento de ayuda, entre ellas, el hecho de que debían hacerse cargo del coste de transporte. Si el donante estaba muy lejos o si el cargamento consistía en bienes para los que el banco no necesita o que no puede almacenar adecuadamente, podía rechazar el cargamento. Hay tres características adicionales que conviene mencionar para entender el resto de la historia. Primero, en este sistema todos los bancos terminaban recibiendo en media un conjunto de alimentos similar. Segundo, para los bancos locales, Feeding America no era la única fuente de donaciones, ya que cada uno tiene sus propios donantes locales. Tercero, incluso si un banco rechazaba una donación, el sistema recalculaba su posición en la lista como si la hubiera aceptado. Esto último se hacía para desincentivar los rechazos y no causar un contratiempo a los donantes, haciéndoles esperar para recoger un lote que han decidido donar y que ocupa espacio de almacenamiento. El objetivo de este mecanismo era asignar un número igual de kilogramos de comida por pobre, y los números muestran que este objetivo se conseguía con mucha precisión.

El sistema centralizado presentaba dos problemas principales. El primero es la variedad de las características de los bancos locales, algunos reciben muchas más donaciones de otros donantes que otros, y distintos bancos tienen distintas capacidades de almacenamiento. Sin embargo, Feeding America no tenía información sobre estas características. Esto significa que los bancos son muy heterogéneos en sus necesidades de diferentes tipos de alimentos. Por ejemplo, un banco de alimentos en Idaho probablemente no necesite más patatas, o uno en Wisconsin puede no tener uso para más productos lácteos. El segundo problema es que el sistema no permitía ofrecer el mismo cargamento a más de un número reducido de bancos, puesto que cada oferta implicaba un tiempo de espera de varias horas.

Referencias:

1. Radford, R. A. 1945. The Economic Organisation of a P.O.W. Camp. Economica 12(48), 189–201.

2. Prendergast, C. 2017. How Food Banks Use Markets to Feed the Poor. Journal of Economic Perspectives 31(4), 145–162.

(Continúa aquí.)

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miércoles, 20 de diciembre de 2017

Tres pilares de la libertad. 3: Los incentivos


Opciones e información son los elementos en torno a los que se suele debatir sobre la libertad, y a ellas están dedicadas las dos entradas anteriores (aquí y aquí). Hay, por lo menos, un elemento más que a veces se olvida, pero que últimamente está haciéndose más presente, los incentivos, aunque se suele olvidar alguno de sus aspectos. Pongamos el juego del dilema del prisionero (aquí una descripción del juego, sin entenderla no tiene mucho sentido seguir leyendo). ¿Son los jugadores libres para no confesar? Si solo atendemos a los criterios de opciones e información, diríamos que sí. Sin embargo, es muy difícil decir que lo son, puesto que todos los incentivos juegan en contra de la cooperación (no confesar). No confesar es un riesgo muy grande. Está muy bien proponer que los jugadores elijan la libertad que otorga seguir el imperativo categórico de Kant y se vean impelidos a no confesar, pero no siendo un equilibrio, esta propuesta normativa es bastante vacua.

Podríamos intentar dar sentido a la propuesta de Kant diciendo algo más elaborado como “actúa para que las instituciones eviten que la sociedad caiga en dilemas del prisionero”. Es una regla limitada a las interacciones de este tipo, pero me temo que una generalización es imposible. Incluso esta que acabo de enunciar no está bien especificada. En el caso del dilema del prisionero estándar, solo hay dos posibilidades, cooperar y no cooperar, y unanimidad en preferir, de entre las posibilidades simétricas, aquella en que ambos cooperan. En situaciones más generales, habrá muchas maneras de alcanzar situaciones eficientes, con distintas consecuencias sobre la igualdad y sin que tengamos un imperativo categórico claro y bien deducido.

Pero nos alejamos del tema. De lo anterior podemos rescatar la idea general de que un contrato que nos limite las acciones en un dilema del prisionero es, de hecho, una manera de ganar libertad. La que pierdo yo es de sobra compensada por el perjuicio que evito con la de los demás.

En los últimos tiempos está hablándose mucho de los “empujoncitos” o “nudges” desde la economía del comportamiento. Básicamente se refieren a que, sabiéndonos irracionales, tal vez pequeñas ayudas nos permitan serlo en una mayor medida. Por ejemplo, una ley que obligue a poner las ensaladas y verduras delante de los platos con más grasas o las frutas delante de los postres más azucarados puede hacer que tendamos a comer más sano, algo que dejaríamos de hacer por no poder evitar la tentación que se nos pusiera demasiado a mano. Otros ejemplos incluyen los contratos con cláusulas por defecto, como las hipotecas con dación en pago, que será la que se use a no ser que explícitamente se solicite el cambio. Hay también una discusión filosófica sobre la extensión de los empujoncitos. Al fin y al cabo, es lo que llevan haciendo desde hace años con el maketing, y puede terminar fácilmente en manipulación.

La pregunta sigue siendo: si quiero comer sano y sé que cedo fácilmente a la tentación, ¿soy más o menos libre si la ley me obliga a ver más fácilmente la opción sana? Igual que ocurre cuando yo mismo me obligo a ciertas acciones (como colocar el despertador lejos de la cama para obligarme a levantarme cuando suene), fácilmente podemos concluir que esa ley nos haría más libres. Pero ¿qué ocurre en otras situaciones en las que uno no tiene tan claro cuál es el curso de acción inmediato que lleva a una satisfacción general de las preferencias. Puede suceder que yo sea averso al riesgo, pero no sepa que eso seguramente implique firmar una hipoteca con la cláusula de dación en pago. ¿Cómo puedo dar mi consentimiento a una ley que obligue a esa cláusula por defecto? Antes debo entender que va en mi beneficio, pero sin entenderlo, estaré siendo manipulado. ¿Me fío de que los gobernantes solo van a darme empujoncitos en situaciones tales que, bien explicadas, las aceptaría con alta probabilidad?

No tengo respuesta clara para esta pregunta, por lo menos no una más precisa que expresar mi opinión de que cualquier aceptación de una cosa así debe hacerse con muchos controles y que todavía no sabemos cómo establecerlos.

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Hace cinco años en el blog: Cómo ser marxista en 12 lecciones.
Hace tres años en el blog: Matar una discusión (3). No cuestiono aquello con lo que estoy de acuerdo.
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jueves, 14 de diciembre de 2017

Tres pilares de la libertad. 2: La información

Esta entrada es continuación de la anterior. Tres pilares de la libertad 1: Las opciones


Un individuo puede tener muchas opciones a su elección, pero si las desconoce es como si no las tuviera. También puede conocer las opciones, pero sin saber a qué conduce cada una. En ese caso la capacidad de elegir está también limitada. Así, pues, la información es un elemento de vital importancia para tener libertad. Cualquier manera de organizar una sociedad de personas libres debe garantizar un mínimo de diseminación de la información sobre las opciones vitales y un mínimo de educación para poder comprenderla.

Llegados a este punto, podemos entrar en problemas. ¿Es evidente que debe garantizarse tal cosa? Una persona con poca información elige no informarse sobre las consecuencias de ciertas opciones. Puede informarse y elige no hacerlo. ¿Es inmediato que el Estado o quien sea debe hacerle llegar esa información o, por lo menos minimizar el coste de hacerlo, si es que era el coste de adquirirla lo que le limitaba? Aquí estamos pasando de un intento de describir cómo de libres son las personas a tomar una posición normativa. Lo que sí podemos decir manteniéndonos en el aspecto descriptivo, es que una mejora de la información nos hará más libres, si es que eso es verdad, que también podrá discutirse qué pasa cuando la información es abrumadora. Pero de momento mantengamos que es cierto. Otra manera de verlo es decir que una persona que adquiere cierta información acerca de las consecuencias de sus opciones difícilmente querría volver a la situación en la que no tiene esa información. Es decir, que si valoramos la libertad, también valoraremos como de más libertad una situación en la que se amplía la información. Otra cosa es la posición moral o política que se quiera tener ante la decisión de proveer o no esa información desde la cosa pública.

Existe el riesgo, claro está, de que la información se provea de manera sesgada, según los intereses de quien la provea. Por ello los proveedores deben ser diversos, plurales y sujetos a crítica. Y aquí tenemos el gran problema. Por una parte hay información pública cuya diseminación puede no aportar beneficios a quien lo haga de manera privada y requerir de la provisión pública. Por otra parte, la provisión pública puede estar controlada por quien en ese momento esté gobernando. Ambas provisiones son imperfectas. Ante esto, algunos dicen que nada de cosa privada, que todos los medios de comunicación y de investigación sean públicos (algunos de Podemos andan con esto) y otros dicen lo contrario (algunos austriacos patrios). El argumento es: lo otro es imperfecto así que por eliminación lo mío es lo mejor. Craso error, la conclusión correcta es que tengamos ambas y que en ambas exijamos la minimización de sus problemas. Pluralidad y competencia en la cosa pública, y reconocimiento a quien produzca y disemine con calidad en la cosa privada.

(Continúa aquí.)

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Hace tres años en el blog: Lo confieso: me gusta el chocolate.
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lunes, 11 de diciembre de 2017

Tres pilares de la libertad. 1: Las opciones

¿Cómo de libre es una persona? Comencemos por analizar sus opciones. En otras entradas analizaremos otros aspectos.


Un tal Lucas tiene que tomar una acción y se da cuenta de que solo tiene una alternativa, la A. Lucas no es libre para tomar esa acción. Si Lucas tuviera a su disposición las alternativas A y B sería un poco libre, y si pudiera elegir entre A, B y C, lo sería un poco más, aunque no podamos cuantificar cuánto más libre. Contar el número de alternativas no lleva a nada interesante. Por ejemplo, poder elegir entre A, B y C no tiene por qué dar más libertad que elegir entre A y K. A, B y C pueden ser alternativas muy parecidas entre sí, mientras que A y K pueden ofrecer una mayor diversidad a pesar de ser menos. Si Lucas aprecia poder elegir entre una mayor diversidad, podrá sentirse más libre en el mundo en que las opciones son entre A y K.

Si Lucas ya sabe que, entre A, B, C, elegirá A ¿será igual de libre si tiene A como única opción comparado con la situación en que puede elegir entre las tres? No parece. Si queremos que nuestra manera de hablar de opciones pueda decir algo relevante cuando los resultados de cada opción tienen algo de incertidumbre, un abanico más amplio de alternativas será estrictamente mejor.

Todo lo anterior sirve para ilustrar algo que debería ser obvio: no existe tal cosa como libertad si o libertad no. No hay un absoluto de libertad frente al cual cualquier falta de libertad basta para hablar de no-libertad también de un modo absoluto. Sin embargo, esto se suele olvidar en numerosas ocasiones. ¿Una mejora en las opciones no gusta porque parece poco? Dígase que no ofrece verdadera libertad y así intentar ganar el discurso retórico. Es posible que esa mejora sea poca, que su aceptación impida tener mejores opciones todavía. Pero si eso es así, dígase de esa manera, que será lo que importa para el análisis. Hablar en términos absolutos no lleva a ningún diagnóstico de la situación que nos permita mejorarla.

Un ejemplo de lo anterior sucede cuando en un país pobre, muy pobre, entran empresas que contratan mano de obra barata. Se suele decir que les trabajadores, a pesar de tener ahora más opciones, en realidad no las tienen porque su libertad de elegir sigue siendo muy escasa. Es verdad, como también lo es que sí tienen más opciones y que, hasta ese momento, nadie les había ofrecido nada mejor. También puede ser verdad que esas empresas podían ofrecerles mejores condiciones sin dejar de ser competitivas. Pero entonces el análisis será acerca de qué mejoras son esas, y hasta qué punto pueden llevarse a cabo de manera que sigan queriendo estar en ese país. Véase qué distinto es eso que negar cualquier contratación hasta que no haya una verdadera libertad según la idea de quien opine. No se suele ver la discusión en estos términos.

(Continúa aquí.)

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Hace tres años en el blog: Cómo estar satisfechos creyendo cualquier cosa.
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